Señales que hablan de él.
Va anocheciendo. La luna asoma feliz por la ventana, y las luciérnagas iluminan los tiestos que asoman desde fuera. Tengo frío, y a la misma vez siento como por mi cuerpo me recorre un pequeño hormigueo que baja de la nuca por la espalda … Un ruido sale de la salita, no es posible que haya alguien allí, la abuela se encuentra en la cocina entretenida amasando harina para hacer pan para el día siguiente. Me dirijo hacia la salita pensando que la abuela regresó a ella, pero para mi asombro me encuentro con que está vacía. Recorro con los ojos la pequeña habitación … la lámpara de suelo, el sofá, la pequeña mesa que sujeta la televisión, la silla apoyada a la pared … todo parece en orden. Pero no es así … saliendo de la habitación observo de reojo movimiento. Me detengo, y miro hacia la mercedora que minutos antes se me paso por alto observar, seguramente porque en ese momento no estaba merciéndose como ahora. De pronto vuelvo a entrar en la habitación dirigiéndome hacia la ventana, quizá la abuela olvidó cerrarla y probablemente el aire hizo que la mercedora se moviera. Pero estaba cerrada. Me quedo pensando, y decido salir a paso ligero de allí en cuanto antes. Me dispongo a entrar en la cocina, pero antes dirijo una mirada hacia el corto pasillo que enlaza con la salita. Miro atenta, pero reacciono con un movimiento de cabeza, como si quisiera sacudirla después de una pesadilla.
La abuela sigue en su tarea de amasar pan mientras escucha en la radio una emisora donde suenan canciones de su época, y como no la abuela las tararea. Se compró esa radio para estar entretenida. De hecho todas las mañanas que sale a su terraza a tomar el sol la enciende, y mientras se dedica a mantener sus plantas les canta al son de la música que va sonando.
Esta vez suena una copla, y la abuela sonríe al reconocerla, que raro …esa canción me es conocida, pero no sabría decir de donde. Juraría que …
Junto al fregadero agarro un vaso y lo lleno de agua, doy media vuelta y mientras voy bebiendo lentamente observo a la abuela. Se le ve alegre, más de lo normal, hace dos minutos no estaba así, simplemente amasaba al compás de la música. Pero ahora parecía como si la masa tuviera alma, le estaba cantando, mientras amasaba con toques delicados y suaves, todo lo contrario de amasar como ella hacia siempre. Extrañamente extraña … no entiendo su comportamiento, y dándole un beso y un abrazo de buenas noches me marcho hacia la cama, en la habitación que tira al comedor. En ella hay una simple cama de cuerpo y medio, una mesita de noche, un aparador, un armario, y una percha colgada de la pared con cosas de la abuela. Me gusta esa habitación, aunque está un poco vacía me trae buenos recuerdos.
De pequeña cada vez que dormía en casa de la abuela me acostaba allí, aunque la habitación estaba completamente cambiada, solía haber una cama de matrimonio, y la abuela siempre me acostaba allí, asegurándose de no caerme poniendo los respaldos de las sillas en los laterales de la cama, por si daba vueltas no caerme. Para mi era divertido, me imaginaba que la cama era una nave espacial mientras que las sillas eran ventanas que daban al exterior del espacio.
Ahora pasado el tiempo ya no queda nada de antaño, sólo los recuerdos …
Me dispongo a ponerme el pijama y a continuación saco de mi mochila un libro. Tengo por costumbre leer antes de dormir, ya que es el único rato que puedo desconectar de todo adentrándome en mundos fantásticos.
Pasado un rato y mientras me lleno de palabras y más palabras … se abre la puerta, y aparece la abuela comunicándome que también se va a dormir. Su habitación se encuentra al lado, en ella si que hay una gran cama de matrimonio, todo para que la abuela esté cómoda en sus noches.
Sigo con mi visita por los mundos de la lectura cuando de pronto veo inconscientemente como algo o mejor dicho alguien pasa por el otro lado de la puerta. Salto de la cama y sin pensarlo abro del todo la puerta, ya que estaba a mitad, y asomo la cabeza hacia la izquierda pero no había nadie. Sin pensarlo me volví a meter en la cama, y justo cuando me dispongo otra vez a leer … me doy cuenta de lo que había pasado …
Era él … no, no formaba parte de mi imaginación, había visto su rostro mirarme mientras pasaba de largo, y yo como una tonta sin pensar nada pensaba que era mi abuela quién paso por la puerta … Ahora entiendo todo, el ruido de la salita que me incitó a entrar en ella, la mercedora moviéndose de pronto cuando segundos antes estaba quieta … la canción … ahora recuerdo de que me sonaba, no por haberla escuchado en la radio ni en la televisión, sino porque era una de sus favoritas, y siempre me la cantaba cuando jugaba con el de pequeña …
Eran sus señales … esas que me hacen saber que nunca se fue …
Es tarde … y con una sonrisa en los labios me meto en la cama, pero antes de eso tengo algo que decir … Buenas noches abuelo …

Yo también le echo de menos. Al mío. Fue como un verdadero padre.
ResponderEliminarlo sé ... pensé en ti también cuando me fundía escribiendo. Al igual que aquella tarde ... donde derramamos lágrimas.
ResponderEliminarlo cierto .... es que parte de esto tiene su verdad.