Eternos microcuentos

Existen momentos en la vida los cuales te golpean, te caes y te vuelves a levantar, pensando que llegará otro en el que te devuelva la caída en forma de felicidad. Una felicidad la cual sólo vives una vez, esa que te llena por dentro y te radian los ojos de una luz intensa que junto a los pececillos y las mariposas que revoletean en tu estómago te llenan de vida y de sol cada uno de tus días.

Yo, me he sentido asi. Hace un año y diez meses me topé con una mirada transparente, llena de luz, de ternura y la cual cegó mi mirada en una noche de Septiembre. Mientras los días pasaban las horas y el tiempo se quemaban bastante rapido, tanto, que a veces nos faltaban horas en el día para dedicarnos un poco más. Y si os digo la verdad, echo de menos ese tiempo, y todo el de después, todo momento en que el tacto de su piel y mi piel se rozaban a milímetros. Incluso extraño sus bromas y sus enfados, sus idas y venidas, y es que quererla como es me era un placer. Me gustaba su carácter, su persona, sus cosas... me gustaba quererla como era. Sentir que no puedes vivir sin tocarla, que necesitas el calor de su piel, ese calor... el que tantas veces te transmitía estar en tu hogar.
Pero luego llegan los malentendidos, o las diferencias de cada persona, y estallan las cosas. Un corazón no deja de sentir de un día a la noche, y si algo parecido ocurre existe la comunicación, la cual nos ayuda a resolver el conflicto o intentar entender mejor las cosas desde el punto de vista contrario. Quizá nos faltó comunicación para entendernos un poquito más... o tal vez faltó más tiempo para pensar y situar a la cabeza junto al corazón. Sinceramente, odio que todo esto haya pasado, porque es doloroso no tenerle en esta cama o no recibir un abrazo de quien te enamoraste. Hace unos días las cosas podrían haber cambiado para bien, en cambio... se volvieron en contra, y aunque daño me hicieron, no puedo guardar rencor porque la amo.

Sé que no volverá, pero el destinó me regaló felicidad al conocer su persona y su esencia, porque a pesar de todo no puedo negar que estos casi dos años han sido los mejores de mi vida. He reído, me he enamorado, he llorado, he cantado, he querido, he amado, he aprendido y disfrutado y me han hecho inmensamente feliz. Por eso le doy gracias a la vida de haberme tropezado con ella, porque la felicidad viene en pequeños momentos pero intensos, y ella me regaló tantos que dudo que tenga espacio para guardarlos. Aunque si es verdad que el corazón no tiene limites, porque cada día que pasa, en mi interior siento más.
Decir que fue un placer quererla está de más, está de más porque todavía se mantiene a pesar del final. Lo mejor de todo es que nunca me arrepentiré de vivir esta historia, ni tampoco lo haré de gritarle al mundo lo que sentí por una mujer, la única que se metió en mis sentimientos haciendolos volar, llenando de magia las noches convirtiéndolos en eternos microcuentos.

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Yo también "Pido La Palabra".