Tiempo.
El tiempo. Una sucesión infinita y sorprendente de milésimas, centésimas, segundos, minutos, horas, días, semanas, meses, años, lustros, décadas, siglos y milenios.
Desde que el tiempo es tiempo se proclama como dueño supremo del todo y la nada.
El tiempo nos da lo mejor y luego nos lo quita.
El tiempo pone a cada uno en su lugar.
El tiempo pone a todo el mundo en el mismo lugar.
Se desliza suave, discreto, lento, educado. Observamos el tiempo, lo analizamos, maquillamos su paso, tratamos de engañarlo, de engañarnos. El humo tampoco ayuda. No estamos diseñados para visualizar el vacío y la nada en nuestra cabeza, quizás sea porque entonces sería muy fácil imaginarse qué es lo que viene después: la segunda gran aventura, aquella de la que nadie ha vuelto para contarlo, quizás porque no ha podido, quizás porque aún no ha tenido ganas. Como aves de paso que no han venido para quedarse sobrevolamos la tierra y su innumerable cantidad de minúsculas vidas que a su vez, sobrevuelan nuestro mundo y nuestra minúscula cabecita pensando como almas inmortales.
Nunca ha sido buena idea darle tiempo al tiempo, no puedes estar seguro de lo que va a hacer con él. Desde hace tiempo conozco al tiempo y si pudiera hablar te diría: DESPIERTA.
Desde que el tiempo es tiempo se proclama como dueño supremo del todo y la nada.
El tiempo nos da lo mejor y luego nos lo quita.
El tiempo pone a cada uno en su lugar.
El tiempo pone a todo el mundo en el mismo lugar.
Se desliza suave, discreto, lento, educado. Observamos el tiempo, lo analizamos, maquillamos su paso, tratamos de engañarlo, de engañarnos. El humo tampoco ayuda. No estamos diseñados para visualizar el vacío y la nada en nuestra cabeza, quizás sea porque entonces sería muy fácil imaginarse qué es lo que viene después: la segunda gran aventura, aquella de la que nadie ha vuelto para contarlo, quizás porque no ha podido, quizás porque aún no ha tenido ganas. Como aves de paso que no han venido para quedarse sobrevolamos la tierra y su innumerable cantidad de minúsculas vidas que a su vez, sobrevuelan nuestro mundo y nuestra minúscula cabecita pensando como almas inmortales.
Nunca ha sido buena idea darle tiempo al tiempo, no puedes estar seguro de lo que va a hacer con él. Desde hace tiempo conozco al tiempo y si pudiera hablar te diría: DESPIERTA.
Comentarios
Publicar un comentario