Tu galaxia, mi segundo microcuento.
Contemplé la noche. El cielo se mostraba despejado, pocas luces de farolas distorsionaban las vistas. Así pues, al poco tiempo encontré a Andrómeda, esa pequeña galaxia justo al lado de la constelación de Perseo. Estuve observándola más de una hora. Ni el frío ni los tiritones propios de este (o tal vez propios de una reacción del cuerpo) fueron problema para tal momento. Me limité a seguir observando y a dejar libre el pensamiento, mientras que ella misma, Andrómeda, se encargaba de distorsionar su imagen tratando de acomodar mi mente a base de recuerdos, a base de una galaxia particular, probablemente única en el extenso y característico infinito.
Tacto suave, limpio y con olor único. Hogareño, tranquilo, salado, provocativo... Siete adjetivos que describen a la perfección mi galaxia favorita, esa que ni siquiera el cielo, ni el firmamento tienen la oportunidad de tener. Y sabes lo mejor de todo? Que se encuentra expuesto sobre su piel, sobre una extremidad superior de su cuerpo, señalada por diminutas pequitas con tono meloso, tal como sus ojos. Conoces su historia? No, no lo creo, pues era yo quien la escribía. Utilizaba mis labios para besarla y darle vida creando cientos de historias en ella, y luego había veces en ciertas noches de dos, que con las huellas de mis dedos dibujaba caminos rodeando su esencia para que nunca pudiera perderme sin saber como volver... Nunca le puse nombre, me gustaba imaginar cientos de nombres mientras observaba a su dueña dormir.
Ahora soy yo, quien cuando duerme sueña con instalarse allí y así ser la primera y única habitante, por siempre. Quizá porque yo la descubrí como tal, quizá porque sienta que es mi hogar aún no habitando en su cercanía.
Sí... es así, todavía siento que es mi hogar. Todavía.
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| Galaxia Andrómeda. |
Tacto suave, limpio y con olor único. Hogareño, tranquilo, salado, provocativo... Siete adjetivos que describen a la perfección mi galaxia favorita, esa que ni siquiera el cielo, ni el firmamento tienen la oportunidad de tener. Y sabes lo mejor de todo? Que se encuentra expuesto sobre su piel, sobre una extremidad superior de su cuerpo, señalada por diminutas pequitas con tono meloso, tal como sus ojos. Conoces su historia? No, no lo creo, pues era yo quien la escribía. Utilizaba mis labios para besarla y darle vida creando cientos de historias en ella, y luego había veces en ciertas noches de dos, que con las huellas de mis dedos dibujaba caminos rodeando su esencia para que nunca pudiera perderme sin saber como volver... Nunca le puse nombre, me gustaba imaginar cientos de nombres mientras observaba a su dueña dormir.
Ahora soy yo, quien cuando duerme sueña con instalarse allí y así ser la primera y única habitante, por siempre. Quizá porque yo la descubrí como tal, quizá porque sienta que es mi hogar aún no habitando en su cercanía.
Sí... es así, todavía siento que es mi hogar. Todavía.

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